Porque estuve enfermo durante mucho tiempo.
A partir del año 2000, empecé a sufrir cálculos renales de forma recurrente (12 en total), lo que me obligó a ingresar en el hospital en varias ocasiones y a someterme a operaciones urológicas para eliminarlos, cuando no se expulsaban por sí solos. Además, en algún momento de ese periodo, sufrí dos hernias discales con las correspondientes intervenciones quirúrgicas y las limitaciones que ello conlleva. A raíz de ello, fui debilitándome poco a poco, volviéndome cada vez más obeso, y empecé a tener problemas musculares cada vez más graves en la espalda, las nalgas y los muslos, y me costaba cada vez más caminar. Todo ello acompañado de un dolor creciente en las zonas mencionadas. Acudí a los más diversos médicos y recibí diagnósticos y tratamientos más o menos satisfactorios. Pero nadie lo relacionó todo.
Hasta que, en algún momento, mi médico de cabecera (desde aquí quiero expresar mi más sincero agradecimiento a la doctora Christian Röntgen, de la consulta colectiva de medicina general de Colonia – Südstadt) me recomendó a la Clínica Alemana de Diagnóstico (DKD, por sus siglas en alemán) en Wiesbaden.
¡Sí, has leído bien! ¡Me recomendó! Allí, los médicos de cabecera y los especialistas presentan a los pacientes con sus síntomas y un equipo de médicos delibera si el paciente es un caso para los especialistas seleccionados de la clínica y en qué medida. A continuación, lo ideal es que te acepten como paciente y te hagan un recorrido de diagnóstico de dos días por los departamentos especializados disponibles. Al final, en el mejor de los casos, se obtiene un diagnóstico fundamentado y propuestas terapéuticas para el futuro.
En mi caso, el diagnóstico fue de hiperparatiroidismo, una enfermedad que hasta entonces desconocía. Se trata de una afección de las glándulas paratiroides. En resumen, las cuatro glándulas paratiroides, que tienen el tamaño de una lente y se encuentran situadas detrás de la glándula tiroides, controlan, entre otras cosas, el nivel de calcio en sangre y secretan la hormona paratiroidea. Esto regula el equilibrio del calcio, ya que se extrae calcio del esqueleto y se libera a la sangre. Aquí encontrarás una explicación muy buena sobre las glándulas paratiroides y la interacción entre la hormona paratiroidea y el calcio.
Sin embargo, tras tres operaciones infructuosas de la glándula paratiroidea en los años siguientes, el problema seguía sin resolverse. Seguí deteriorándome, engordando cada vez más y la hormona paratiroidea en sangre seguía siendo demasiado alta.
En definitiva, la situación se me hacía cada vez más pesada, ya que no se podía prever cómo evolucionaría ni si el creciente deterioro físico podría detenerse alguna vez, ni de qué manera.

