Hace unos años visité las ruinas del monasterio de Heisterbach. Por aquel entonces ya tenía una movilidad muy limitada y solo pude recorrer con bastante esfuerzo el pequeño circuito que recorre el recinto. En el borde del aparcamiento contiguo hay señales que indican el camino hacia el Oelberg y el Löwenburg. Y siempre he tenido el deseo de recorrer ese camino algún día.
Motivación suficiente para, al menos, intentarlo.
Unos cuatro kilómetros cuesta arriba. El primer intento tuve que abandonarlo tras unos pocos cientos de metros. La siguiente vez aguanté unos metros más. Así fui alargando el recorrido poco a poco. Cada vez me atormentaban unos terribles dolores de cadera y, a veces, después no podía dar un paso en días.
Pero al final llegué al Oelberg. Tres horas para recorrer unos cuatro kilómetros. Por el camino, al menos diez paradas para relajar las caderas y los glúteos. Pero subí con esfuerzo y también bajé. Una y otra vez.
„Real success comes from trying consistency“
Y entonces, un día, llegó el momento. Volví a estar en el Oelberg. Pero esta vez sin parar durante la subida. Directamente desde las ruinas del monasterio hasta la cima. Y a lo lejos se alzaba el Löwenburg… Y a partir de ese momento, se convirtió en mi ruta de entrenamiento favorita.

